
Revolut ha elegido México como uno de sus grandes campos de batalla para 2026, pero su desembarco no será un “big bang” sino una entrada medida, en modo beta y con acceso controlado. Detrás hay una estrategia muy calculada que combina licencia bancaria plena, lista de espera masiva y un foco clarísimo: remesas e inclusión financiera digital.
En octubre de 2025, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) dio a Revolut la autorización final para operar como banco múltiple en México, con depósitos protegidos por el IPAB hasta unos 3,4 millones de pesos por cliente. Con este movimiento, el neobanco británico se convierte en uno de los pocos actores 100 % digitales con licencia bancaria “desde cero” en el país, y no simplemente operando bajo esquemas de corresponsalía o alianzas con bancos locales.
El paso siguiente fue activar una fase beta. A partir del 3 de noviembre de 2025, Revolut comenzó abriendo cuentas para un grupo muy reducido de familiares y amigos de colaboradores. Una semana después, el 11 de noviembre, la app se abrió a una primera cohorte de usuarios de su lista de espera, dando inicio formal a la prueba en vivo. Según medios especializados, esa lista de espera alcanza ya a unas 200.000 personas, que irán recibiendo acceso de forma progresiva mientras la compañía ajusta producto, procesos y soporte.
¿Qué están probando exactamente estos usuarios beta? En primer lugar, una cuenta bancaria digital sin límites de depósito, asociada a una tarjeta de débito y a un programa de puntos (RevPoints) que recompensa cada compra. A esto se suman funcionalidades de banca cotidiana como transferencias programadas, gestión de más de 30 divisas y una tarjeta de crédito que se está ofreciendo de forma selectiva según la elegibilidad de cada cliente. Es, en la práctica, casi todo el “stack” de Revolut, pero liberado por fases y con fuerte monitorización de uso real.
El plan oficial es que esta beta se prolongue hasta inicios de 2026, cuando se “abrirá la compuerta” para liberar la lista de espera y permitir el registro al público general. El propio CEO de Revolut México ha confirmado que el objetivo es operar ya en modo abierto en enero de 2026, con una oferta completa que incluye cuentas, tarjetas, programa de fidelidad con millas y descuentos, además de planes de suscripción premium.
En paralelo, la compañía está cuidando su relato de marca. “No somos una fintech, somos un banco que nació digital”, enfatiza Juan Guerra, director ejecutivo de Revolut en México, en una entrevista reciente. El mensaje es claro: quieren ser percibidos como un banco regulado, con garantías de seguridad equivalentes a las de la banca tradicional, pero con experiencia de usuario y alcance global propios del mundo app. Su ambición también es explícita: aspirar a unos 5,5 millones de usuarios en México en cinco años, con especial foco en el mercado de remesas entre Estados Unidos y México, donde su propuesta de transferencias internacionales sin comisiones puede ser diferencial.
Desde la perspectiva directiva, lo relevante no es solo que llegue “otro neobanco” al país, sino cómo llega: con licencia, depósitos asegurados, beta controlada, lista de espera de cientos de miles y un calendario de lanzamiento definido. La fase beta no es un simple piloto; es el laboratorio donde Revolut está calibrando su modelo operativo, de riesgo, de adquisición y de pricing local antes de abrir el grifo al mercado masivo en 2026.