
En China, científicos de vanguardia han planteado una ambición hasta ahora reservada a mitos y alquimias ancestrales: convertir la muerte en una opción. Bajo la etiqueta de “misión longevidad”, equipos de investigación exploran desde la manipulación genética hasta moléculas que combaten las llamadas células zombis, con la esperanza de extender la vida humana más allá de sus límites tradicionales. El objetivo, dicen, es alcanzar edades superiores incluso a los 150 años, desafiando no sólo a la biología, sino también a la sociedad entera. El trabajo explora desde terapias celulares y moleculares hasta intervenciones genéticas que, al menos en modelos animales, han mostrado resultados prometedores. Investigadores como Stephen Austad, de la Universidad de Alabama, incluso apostaron décadas atrás a que la primera persona que alcance los 150 años ya podría estar viva hoy, lo que subraya el optimismo de parte de la comunidad científica en torno a esta posibilidad.
Los estudios en organismos modelo proporcionan el mejor laboratorio para probar terapias de longevidad. En ratones, por ejemplo, una combinación de oxitocina con un inhibidor de vías relacionadas con la degradación celular ha logrado aumentar la esperanza de vida en más del 70 % en ratones viejos, además de mejorar su salud física y cognitiva. Estos resultados son significativos porque trabajan con animales que ya estaban en estadios avanzados de envejecimiento, lo que sugiere que no solo se puede retardar el proceso, sino también regenerar funciones deterioradas.
Al mismo tiempo, hay investigaciones emergentes que exploran otras estrategias —como la reprogramación celular parcial, el uso de inhibidores de rutas específicas o terapias dirigidas a la reparación molecular— que han demostrado mejoras en la salud en laboratorio y en organismos sencillos.
Hoy, las estimaciones más prudentes sugieren que la ciencia de la longevidad podría seguir elevando gradualmente la esperanza de vida promedio global a través de mejoras en medicina preventiva, nutrición, control de enfermedades y terapias avanzadas. Por ejemplo, las proyecciones demográficas apuntan a que en 2034 la esperanza de vida media en países desarrollados podría alcanzar los 83,4 años en hombres y casi 88 en mujeres, gracias a estas mejoras continuas.
Pero alcanzar saltos radicales —como ver a gran parte de la población vivir consistentemente más de 120 o 150 años— está aún en el terreno de la especulación científica o de escenarios muy futuristas. Algunas predicciones más optimistas dentro de biogerontología sugieren que, si se logran avances disruptivos en reparación molecular y control de senescencia, incluso generaciones futuras podrían alcanzar esperanzas de vida de varios siglos en el largo plazo (siglo XXI tardío o más allá), aunque estas visiones dependen de tecnologías que actualmente están en etapa temprana de investigación o teorización.
Todo esto es un sueño hipnótico, casi de ciencia ficción: imaginarse viviendo décadas más allá de lo humanamente posible (hasta ahora). Pero este impulso tecnológico se encuentra con una realidad paralela e inquietante: la mayoría del mundo apenas logra garantizar la alimentación, la salud básica y la seguridad económica de sus poblaciones actuales.
Según los estudios de proyección demográfica global, para 2050 las personas mayores de 60 años representarán cerca del 22 % de la población mundial, casi dos mil millones de personas. Esto implica un crecimiento exponencial de las estructuras de envejecimiento que buena parte de las sociedades ni siquiera están listas para abordar.
Esta paradoja —deseos de longevidad avanzada frente a sistemas sociales que luchan por sostener una esperanza de vida digna— plantea preguntas incómodas para los directivos que lideran instituciones públicas, privadas y filantrópicas:
¿Qué sentido tiene diseñar tecnologías para vivir más tiempo, si la vida que se vive hoy no es equitativa, sana ni sostenible para todos?
El desafío de la longevidad en el contexto social
La ciencia de la nutrición y la salud nos recuerda que la esperanza de vida no se traduce automáticamente en calidad de vida. La malnutrición sigue siendo una crisis global a pesar de que hay alimentos suficientes para todos; el problema está en el acceso, la distribución y la educación nutricional. Las estrategias globales de la FAO y otros organismos insisten en superar no solo el hambre, sino también las múltiples formas de malnutrición que afectan desde niños hasta ancianos, condicionando la salud y bienestar a lo largo de toda la vida.
Esto es especialmente evidente en China, donde el envejecimiento acelerado plantea tensiones inéditas sobre los sistemas de pensiones, la atención sanitaria y la cohesión familiar. Según proyecciones demográficas, la población mayor de 65 años en China podría alcanzar el 30 % para mediados de siglo, intensificando la presión sobre pensiones públicas y sistemas de asistencia social en un país que ha transitado recientemente de una pirámide demográfica joven a una envejecida con gran rapidez.
Pensiones, sostenibilidad y justicia intergeneracional
El envejecimiento poblacional plantea retos sistémicos:
- Sistemas de pensiones bajo estrés: más beneficiarios por cada trabajador activo significa mayores cargas fiscales y financieras constantes, con el riesgo de desequilibrios que afecten la estabilidad macroeconómica.
- Atención a largo plazo y salud pública: garantizar una vida más larga también exige redes de cuidado que van desde servicios clínicos hasta apoyo social y comunitario.
- Desigualdades estructurales: la diferencia entre vivir más tiempo y vivir más tiempo con bienestar es abismal. El acceso a una nutrición adecuada, educación, sanidad y condiciones socioeconómicas influyen tanto o más en la calidad de vida que las investigaciones biotecnológicas.
Tecnología y políticas públicas: dos caras de una misma moneda
Mientras algunos investigadores buscan prolongar la vida humana a niveles extraordinarios, otros sectores de la sociedad enfrentan aún amenazas tan básicas como la malnutrición. Las investigaciones globales de ciencias de la nutrición muestran que estas carencias no solo afectan el desarrollo infantil, sino que tienen efectos duraderos a lo largo del ciclo vital, influenciando la incidencia de enfermedades crónicas en la vejez.
Entonces, la pregunta para los líderes de gobierno, empresas y organizaciones civiles no es únicamente “¿hasta dónde puede llegar la biotecnología?”, sino también “¿cómo construiremos sistemas sociales, económicos y sanitarios que permitan que incluso la vida que ya tenemos —antes de ese posible futuro extremo— sea significativa y sostenible?”
Algunas soluciones audaces
Una de las visiones más audaces para enfrentar los retos de la población mundial y la sostenibilidad a largo plazo es convertir a la humanidad en una especie multiplanetaria. Agencias como la NASA y la Agencia Espacial Europea trabajan en planes para que humanos vivan en Marte en torno a 2040, con hábitats autosuficientes y ecosistemas cerrados capaces de sostener vida sin dependencia constante de la Tierra. Elon Musk, por su parte, ha planteado que establecer colonias autosuficientes en el planeta rojo sería un “seguro de vida” para la especie frente a catástrofes globales. Estas ideas, aunque todavía lejanas, abren un horizonte de exploración tecnológica y social que podría, a largo plazo, redefinir el concepto de población humana más allá del planeta de origen.
Una invitación a repensar prioridades
Si la muerte algún día fuera, como quieren algunos científicos, “opcional”, ¿qué significado tendría la vida para quienes todavía luchan por sobrevivir con dignidad hoy? ¿Podrán los sistemas de pensiones soportar una población que vive mucho más tiempo? ¿Qué principios estructurales tendremos que repensar como humanidad? ¿Quién tendrá acceso a estas tecnologías y quién se quedará atrás?
Estas preguntas son tan provocadoras como necesarias. La búsqueda de la longevidad no es enemiga de la justicia social, pero sin una visión integrada de desarrollo humano, corre el riesgo de convertirse en una obsesión de élites tecnológicas desconectada de los retos reales de la mayoría. El verdadero desafío no es sólo vivir más, sino vivir mejor, juntos, y con equidad.
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https://www.nature.com/articles/d41586-025-03524-4?
https://www.bgr.com/1974798/things-may-reverse-aging-science/
https://science.nasa.gov/planetary-science/programs/mars-exploration/future-of-mars-plan/