Humanoides que engañan a humanos: la robótica entra en la era del “Test de Turing invertido”
SmartPulse Insights @dic2025

La robótica moderna ya no avanza: salta. Lo que durante décadas fue ficción —máquinas capaces de moverse como nosotros, aprender como nosotros y cooperar con nosotros— está empezando a tomar forma, y lo está haciendo a un ritmo que la propia industria reconoce como desconcertante. En la conferencia ROSCon España 2025, los expertos lo dijeron sin rodeos: la inteligencia artificial está transformando la robótica hasta niveles que no habíamos visto jamás. Estamos ante la convergencia definitiva entre mecánica, sensores, IA generativa y modelos de razonamiento.
Pero entre todas las demostraciones tecnológicas, hubo una que dejó una huella casi filosófica: la presentación del androide de XPENG Robotics. No sorprendió tanto por su tecnología —aunque era impresionante— sino por la reacción del público. Muchos asistentes no pudieron creer que lo que veían era un robot y no un ser humano oculto en un traje. La incredulidad llegó hasta tal punto que la empresa tuvo que desmontar literalmente parte de la pierna del humanoide en pleno escenario para demostrar que no había carne, sino ingeniería.
La imagen es poderosa: un auditorio lleno de expertos en robótica y software, incapaz de distinguir si lo que tenían delante era una persona o una máquina. Si Alan Turing inventó su famosa prueba para evaluar si una máquina podía parecer humana en una conversación… lo que vivimos en ROSCon fue exactamente lo contrario: humanos incapaces de aceptar que aquello no era un humano.
Bienvenidos a la era del Test de Turing invertido.
El Test de Turing: 1950, la pregunta que lo cambió todo
Para entender por qué lo ocurrido con XPENG tiene tanta carga simbólica, vale la pena recordar qué es —en realidad— el Test de Turing.
En 1950, el matemático Alan Turing propuso una pregunta revolucionaria:
”¿Pueden las máquinas pensar como los seres humanos?”
Para evitar debates filosóficos, diseñó un experimento práctico: si una persona conversa con un interlocutor sin verlo, y no puede distinguir si al otro lado hay un humano o una máquina, entonces la máquina ha demostrado inteligencia comparable a la humana. El test se basa en la indistinguibilidad: si no puedes diferenciarlos, a efectos prácticos es lo mismo.
Esa prueba marcó la historia de la inteligencia artificial. Durante décadas, los robots eran incapaces de engañar a nadie: se movían con rigidez, carecían de fluidez, no entendían el lenguaje y sus decisiones eran preprogramadas. Parecían máquinas, actuaban como máquinas y nadie dudaba de ello.
XPENG y el “Turing al revés”: cuando lo humano parece demasiado humano
La escena de ROSCon es de otro mundo. El robot de XPENG se mueve con suavidad: articula caderas, tobillos y rodillas con cinemática casi orgánica; mantiene equilibrio dinámico; gira la cabeza acompañando el movimiento del torso; detecta rostros en tiempo real; reacciona a gestos humanos; conversa utilizando modelos de IA de última generación. En otras palabras, su presencia en el escenario no tenía el aura “robótica” que asociamos a máquinas bípedas.
Y como resultado, ocurrió lo impensable:
los humanos no superaron el Test de Turing.
Donde Turing quería saber si una máquina podía engañar a un humano…
lo que vimos fue que la máquina es tan perfecta que el humano no acepta que sea una máquina.
Paradójicamente, esto abre otra pregunta más inquietante:
¿Estamos preparados para convivir con máquinas indistinguibles de nosotros?
¿Por qué XPENG tuvo que cortar la pierna del robot? Porque el público no aceptaba que esa naturalidad mecánica fuera real. Su “exceso de humanidad” rompía nuestras expectativas.
La robótica inteligente está rompiendo el marco mental tradicional
Los humanoides estaban estancados durante años por limitaciones en:
- motores y actuadores,
- equilibrio dinámico,
- percepción visual,
- procesamiento en tiempo real,
- autonomía energética,
- toma de decisiones,
- lenguaje natural.
La IA ha desbloqueado todos esos cuellos de botella simultáneamente:
1. El razonamiento
Modelos multimodales permiten que un robot interprete el mundo como lo hacemos nosotros: ve, escucha, clasifica, predice, decide. Ya no ejecuta instrucciones: razona.
2. El aprendizaje
Antes cada robot debía ser programado a mano.Hoy puede aprender por demostración, imitación, simulación o autoentrenamiento.
3. El movimiento
La combinación de sensores de alta precisión, actuadores elásticos y modelos físicos entrenados con IA permite movimientos fluidos, adaptativos y casi orgánicos.
4. La colaboración con humanos
Los nuevos humanoides entienden intenciones, interpretan gestos, anticipan riesgos y adaptan su comportamiento en tiempo real. Son colaboradores, no herramientas.
Esto explica por qué la demostración de XPENG no fue una simple exhibición: fue una ruptura psicológica. Si el robot se mueve “como nosotros”, piensa “como nosotros” y reacciona “como nosotros”, ¿qué espacio queda para seguir diciendo que es una máquina inferior?
Del asombro al vértigo: ¿estamos preparados culturalmente para esta revolución?
El Test de Turing invertido nos revela algo más profundo:
los humanos no estamos preparados emocionalmente para lo que estamos creando.
Sentimos fascinación y rechazo a la vez.
Queremos robots útiles, pero no demasiado humanos.
Queremos que nos entiendan, pero no que nos imiten.
Queremos que sean inteligentes, pero no indistinguibles.
La robótica está entrando en un terreno donde nuestros sesgos, miedos, expectativas y marcos éticos se están quedando pequeños.
Lo que realmente significa esta nueva era: integración, no imitación
A medida que los humanoides se vuelvan más naturales y autónomos, la pregunta dejará de ser “¿son iguales a nosotros?”
La verdadera cuestión será:
“¿Cómo redefinimos la colaboración entre humanos e inteligencias no humanas?”
Porque la convivencia con humanoides no tratará de copiar la humanidad, sino de ampliarla. Robots que:
- cargan peso,
- realizan mantenimiento,
- cuidan enfermos,
- acompañan personas mayores,
- realizan exploraciones espaciales,
- operan maquinaria peligrosa,
- investigan entornos extremos,
- ayudan en rescates.
No necesitamos máquinas que parezcan humanas para engañar a humanos.
Necesitamos máquinas que convivan con humanos para potenciar a humanos. Y esto se debe llevar al plano empresarial en las nuevas organizaciones híbridas y cómo deben organizarse: colaboradores humanos con máquinas, accountability claro, ética y seguridad por encima de todo. Porque, por más que nuestros compañeros tengan aspecto de humanos y actúen como humanos, siguen sin ser responsables de ninguno de sus actos.
Conclusión: XPENG no mostró un robot — mostró un espejo del futuro
La pierna desmontada en el escenario no fue un gesto de espectáculo: fue una declaración de época.
Nos encontramos en el momento en que las máquinas comienzan a cruzar la frontera psicológica que Turing soñó hace 75 años. No porque engañen a humanos con palabras, sino porque los humanos ya no pueden distinguir lo mecánico de lo biológico.
Estamos entrando en la era del Test de Turing invertido.
Y lo más extraordinario no es lo que los robots están aprendiendo a hacer…
sino lo que nosotros tendremos que aprender a aceptar.