Más allá de la inteligencia artificial: el nuevo sueño biotecnológico de diseñar al ser humano del futuro

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En el imaginario colectivo, Sam Altman es el rostro de la revolución de la inteligencia artificial. Sin embargo, lejos del foco mediático de los modelos de lenguaje y los laboratorios de software, el CEO de OpenAI ha puesto en marcha otra apuesta profundamente transformadora: una incursión silenciosa —pero ambiciosa— en el mundo de la biotecnología reproductiva.

El proyecto, la empresa Preventive —una controvertida iniciativa privada que investiga la optimización genética y el perfeccionamiento de procesos reproductivos mediante fertilización asistida avanzada— busca, en esencia, aplicar ingeniería genética para reducir el riesgo de enfermedades hereditarias, mejorar la salud basal de los futuros bebés y explorar cómo la ciencia puede acompañar la evolución humana en la era tecnológica. La propuesta no habla de “crear superseres”, sino de minimizar sufrimiento y ampliar potencial, aunque inevitablemente abre un debate mayor sobre ética, desigualdad y el propio sentido del progreso. La empresa ha levantado 30 millones de USD aunque aún está en fase preclínica, lo que significa que aún no se ha experimentado en humanos.

Aunque la modificación genética para crear bebés está prohibida en Estados UnidosReino Unido y muchos otros países por considerarse poco ética y riesgosa, The Wall Street Journal informó que Preventive evalúa realizar pruebas en Emiratos Árabes Unidos, donde esta práctica es legal.

Este laboratorio de fertilidad e ingeniería genética aplicada no surge como una extravagancia futurista aislada. Representa algo más profundo: el punto de encuentro entre tres fuerzas que convergen en nuestro tiempo —biotecnología, inteligencia artificial y ambición humana— y que están empezando a redefinir qué significa nacer, vivir y desarrollarse en la sociedad del siglo XXI.

Un movimiento que avanza bajo el radar

Muchos avances en IA son visibles, disruptivos y comentados. Los avances en biotecnología, en cambio, suelen avanzar en silencio. Y sin embargo, su impacto potencial es igual o mayor.

En paralelo al proyecto de Altman, otro caso en cuanto a genética y reproducción asistida, es el que está ocurriendo en China, país en el que emergen fenómenos sociales y tecnológicos que dan cuenta de esta tensión entre biología y aspiración social: familias de alto patrimonio que recurren a la subrogación en otros países para garantizar a sus hijos acceso a determinados entornos culturales, genéticos o socioeconómicos, buscando —en palabras de algunos analistas— “asegurar líneas familiares competitivas para un mundo hiperselectivo”. De esta forma, varios magnates chinos están “encargando” su descendencia a vientres de alquiler en EEUU (debido a que esta práctica es ilegal en China y no en el país norteamericano). El fenómeno consiste en que, por aproximadamente US$200,000, se puede tramitar a través de una agencia el subrogar un vientre para concebir un hijo. La noticia trascendió cuando una jueza de California se percató de que una misma persona (Xu Bo, director de videojuegos y fundador de Duoyi Network) reclamaba la paternidad de 100 neonatos. El motivo declarado por el magnate era que quería concebir al menos 20 varones de altas capacidades para que “algún día tomaran el control del negocio”.

Más allá del titular, la señal de fondo es clara: en una sociedad donde los robots automatizan el trabajo y la IA expande las capacidades cognitivas, algunos líderes están mirando al siguiente territorio de diferenciación… el propio ser humano.

¿Qué nos dice esto sobre nuestro tiempo?

Estamos entrando en una etapa histórica en la que el progreso ya no se limita a extender la vida o curar enfermedades, sino que empieza a explorar la idea de optimizar las condiciones de origen. Y eso nos coloca frente a preguntas profundas:

  • ¿Qué ocurre cuando el desarrollo humano deja de ser únicamente biológico y pasa a ser parcialmente diseñado?
  • ¿Quién tendrá acceso a estas tecnologías, y qué significará para la equidad social?
  • ¿Estamos construyendo un futuro más saludable… o un futuro más desigual?

Desde la perspectiva de la alta gestión, estas no son preguntas científicas: son preguntas de gobernanza, ética institucional y responsabilidad social corporativa.

Porque si la IA cambia cómo trabajamos, la biotecnología podría cambiar quiénes seremos.

Los defensores de estas nuevas iniciativas argumentan que prevenir enfermedades congénitas, reducir sufrimiento y ampliar capacidades humanas es un deber moral, no un riesgo ético. Sus detractores alertan de la posibilidad de una nueva brecha social entre quienes pueden acceder a “optimización genética” y quienes no.

La verdad probablemente se sitúe en medio:

la humanidad nunca ha dejado de intentar mejorar sus condiciones de vida… pero ahora estamos entrando en territorio fundacional.

Estamos pasando de diseñar máquinas a diseñar las esenciales posibilidades humanas de origen e, inevitablemente en ese contexto, a diseñar nuevos contextos sociales. Como dijo Yuval Harari en su libro Homo Deus, podemos estar evolucionando del Homo Sapiens al Homo Deus, en aquellas ocasiones en las que se tiene acceso a esas mejoras biotecnológicas, pero aquellos que no tienen acceso… ¿qué serían? ¿A qué saga pertenecerían?

Una reflexión necesaria para directivos y líderes

En un mundo obsesionado con la palabra “tecnología”, corremos el riesgo de olvidar que la mayor transformación no será digital… será biológica, social y cultural.

  • La automatización redefine el trabajo.
  • La IA redefine la inteligencia.
  • La biotecnología, ahora, empieza a redefinir la vida.

Como líderes, la responsabilidad no consiste sólo en financiar innovación o adoptarla antes que otros. Consiste en formular la conversación correcta: no es solamente un asunto de “qué podemos crear”, sino “qué futuro queremos permitir que exista”. Y más allá “¿podemos nosotros evitar que exista?”

Porque en la misma época en la que diseñamos robots cada vez más humanos,

también estamos empezando a diseñar humanos cada vez más… tecnológicos o tecnológicamente “perfectos”.

Y ese, quizá, es el cambio más profundo de todos.

https://www.independentespanol.com/tecnologia/sam-altman-modificacion-embriones-enfermedades-hereditarias-b2869513.html

https://www.infobae.com/estados-unidos/2025/12/16/multimillonarios-chinos-estaria-recurriendo-a-la-gestacion-subrogada-en-eeuu-para-tener-decenas-de-hijos

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